De la cosas que nos suceden en la vida, ¿sabemos el fondo y la verdad de lo que nos pasa? Vamos examinando cuanto nos pasa, le damos vueltas y vueltas, y al final comprobamos que estamos construyendo una historia o un relato de nosotros mismos. Quizá nuestra vida no es real sino un relato, una narración que nos contamos cada día a nosotros mismos y se la contamos a los demás. Y nos construimos una historia simplemente para poder entender lo que nos pasa, comprenderlo, incluso encontrar sentido final a la vida. Pero la duda siempre está: ¿este relato es real y verdadero? ¿Se ajusta a la verdad de lo que me ocurre o yo me he montado una mentira? ¿Cuál será la versión que llega de ti mismo a lo más profundo de tu corazón? Y ahí en lo profundo, ¿eres tú el único que te escucha o hay alguien más que te escucha? En definitiva, ¿es verdad la historia de ti mismo que has depositado en tu corazón? En momentos clave de nuestra vida nos damos cuenta que cuanto nos dijimos sobre nosotros mismos no era verdad, que nos habíamos engañado; comprobamos decepcionados que la versión de nuestra propia historia nos tenía secuestrados en el error.

He aquí una historia, y puede que sea la historia de un secuestro también; la de Anita Martínez, la famosa actriz argentina, bailarina y conductora de televisión, que nos cuenta un momento clave, en que decide dejar el concurso Bailando 2015 que tanta fama le dio:

Yo siempre luché contra la ambición de la fama. De hecho, me bajé ahora [de Bailando 2015] en un momento fuerte. Creo que la fama es mentira. Es algo muy pasajero. Lo lindo es hacer cosas que estén bien, cosas buenas. No es necesario ser famoso, sino hacer las cosas bien. Pareciera ser que estar en la televisión es lo que te da éxito. Y si no estás, no tenés éxito. ¿Sabés la cantidad de gente que conozco que no está en TV y es exitosa? Ni siquiera hablo del éxito económico, sino de la simpleza de las cosas. Valoro cada vez más a las personas que se conforman con poco. Es un valor que perdimos. Cuando te morís, no te llevás nada. Te llevás solamente los momentos que vivís, los recuerdos, las sonrisas.

- Entrevista en Clarín del 19.07.2015

Anita cree que la fama es mentira y se da cuenta de que hasta hace poco su propia vida y su propia historia eran mentira, y que esto la tuvo secuestrada. ¿Y por qué esta reflexión suya? Porque, a mitad de su vida, siente más cerca el final de su historia: su propia muerte. ¿Qué es lo que queda al morir? ¿Y qué es lo “pasajero”? En ese final –la muerte–, y en ese punto final del relato de sí misma, Anita Martínez quiere consignar y disfrutar en su memoria de “momentos que vivís, los recuerdos, las sonrisas”; eso es lo que le queda. Ella ha comprendido que el relato general de su vida no se ha de basar en el espejismo de la fama, sino en “hacer las cosas bien”. ¿Y en qué consiste para Anita Martínez “hacer las cosas bien”? Por de pronto no en tener miedo: preguntada si “¿no te asusta el no tener un sueldo asegurado?”, ella responde:

Ya la pasé. Yo de hambre no me morí nunca. Y fue siempre trabajando. No se puede vivir acumulando. Hay que dar, recibir, convivir con el éxito y saberse correr. Tener una vida normal, común. No sabés lo que es para mí poder planchar el guardapolvos de Lorenzo, ir a buscarlo al colegio, hacerle la leche, leerle un libro, contarle cosas... El rol de los padres para mí es fundamental.

- Anita Martínez

¿De qué nos vale seguir “acumulando”, si la fórmula está en dar y recibir? ¿De qué sirve tener una vida asentada si un día te das cuenta del sentido de tu vida y decides “correr”, dejarlo todo e ir a lo esencial y “normal”? Anita quiere ir a lo a “simple” y esencial del presente. Anita al final ha reescrito su propio relato con unas nuevas líneas.

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