Se ha generalizado en el mundo de la psicología y de la autoayuda el concepto de persona tóxica. Casi todos coinciden en las siguientes características:

  • Se quejan de todo.
  • Negatividad.
  • Victimismo.
  • Envidia, celos, soberbia.
  • No asumen responsabilidades.
  • Culpar a los demás de sus males.
  • Mentira y manipulación.
  • Resistencia al cambio.

También se está haciendo famoso el concepto de misericordia, en especial, este año porque el Papa Francisco lo ha instituido como el año de la misericordia. Como contrapartida a la características del hombre o la mujer tóxicos, ponemos la oración de Sor Faustina Kowalska sobre la misericordia y como cada parte del cuerpo simboliza una característica de la misericordia.

  • Ojos = no poner en sospecha al prójimo, buscar lo bello en él.
  • Oído = escuchar al prójimo y asumir sus necesidades.
  • Lengua = no criticar al prójimo, sino consolarle en sus penas.
  • Manos = para hacer el bien al prójimo.
  • Pies = correr para servir al prójimo.
  • Corazón = sentir los sufrimientos del prójimo.

Es fácil ahora contraponer un término tóxico con un misericordioso e invitamos a lector a hacerlo. Y realizado este ejercicio, nos preguntamos que tiene que haber una causa o una filosofía ante la vida en opciones tan opuestas: toxicidad versus misericordia.

La actitud tóxica tiene que ver con una de las pobrezas más comunes que cataloga el teólogo Karl Kasper:

 

Existe la pobreza espiritual o anímica, que en las sociedades occidentales representa un grave problema: desorientación; vacío interior; desconsuelo y desesperanza; desesperación en lo relativo al sentido de la propia existencia; confusión moral y espiritual, hasta llegar al abandono del alma.

- Karl Kasper

La toxicidad está vista por el psicólogo desde el punto de vista egoísta de cuánto una persona tóxica nos puede intoxicar. Cuando la deberíamos ver desde el punto de vista de cuánto nosotros podemos “acompañar” a una persona que ha llegado hasta el “abandono del alma”.

La actitud misericordiosa tiene también un origen o filosofía de vida. No hay más que ir a la primera frase de la oración de Sor Faustina:.

 

Deseo transformarme en tu misericordia y ser un vivo reflejo de Ti, oh Señor.

- Sor Faustina

 

De nuevo, el teólogo Karl Kasper la define muy cabalmente en el sentido de que la misericordia consiste en identificarse con Cristo:

 

la misericordia cristiana consiste en el fondo, en encontrarse con Jesucristo en la persona sufriente. De ahí que la misericordia no sea en primer lugar cuestión de moral, sino de fe en Cristo, de seguimiento de Cristo, de encuentro con Cristo.

- Karl Kasper

 

 

Son dos actitudes extremadamente contrapuestas, la de la toxicidad y la de la misericordia, hasta el punto de que sería lógico pensar que existe un camino intermedio. El ateo y el agnóstico humanista, y el creyente no practicante ¿cómo pueden practicar una vía intermedia entre la toxicidad y la misericordia pues la cristiana exige radicalmente una fe e identificación con Cristo y sus obras? Es fácil llegar a la conclusión de que “NO PUEDEN”, de que la solución radical está en Cristo y de que los males y la toxicidad de la sociedad actual consisten en que no hay fe, ni fe asentada en las obras. Creo que no debemos caer en la “negatividad” ni en la “soberbia” del tóxico, sino poner en valor la opción de la misericordia como un valor esencialmente cristiano y como elemento configurador de la civilización occidental. Cuando en la Revolución Francesa se exaltan los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad no debemos olvidar que este último valor de la fraternidad no hace más que traducir el concepto de misericordia.

 

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