He aquí un hombre al que lo vamos a llamar "Ajeno" . Su modo de salir a la calle, en principio, es parecido al nuestro. Vamos moviéndonos de un lado a otro, estamos esperando en el metro, miramos escaparates, deambulamos casi como autómatas, y al final nos damos cuenta de que hay poca o ninguna comunicación con otras gentes, que la mayoría estamos metidos en nosotros mismos, en definitiva, que todos nos resultamos unos a otros “ajenos”; nada ni nadie nos importa. Cualquiera de nosotros podríamos ser el hombre que Claudio Rodríguez nos pinta en su poema Ajeno, si no fuera porque este hombre sujeto del poema lleva la soledad muy metida dentro. Él “cierra su puerta y queda bien cerrada; / sale y…”. ¿Qué lleva en su corazón, en su más profundo fondo?:

 

Largo se le hace el día a quien no ama

y él lo sabe. Y él oye ese tañido

corto y duro del cuerpo, su cascada

canción, siempre sonando a lejanía.

 

 

Este hombre solo va acompañado de lo único que tiene más palpable: su cuerpo, andando en el “tañido corto y duro” de los pasos, y su alma que resuena a lo lejos como una “cascada canción”. Sale a la calle –concretamente a su calle– que se le hace palpable, clara, evidente; sin embargo el que la recorre tiene un fondo oscuro:

 

 

Está muy clara

su calle y la pasea con pie oscuro,

y cojea en seguida porque anda

sólo con fatiga.

 

 

Y, como hemos quedado que es una persona que no ama, por eso:

 

Prisionero por no querer abraza

su propia soledad. Y está seguro,

más seguro que nadie porque nada poseerá.

 

 

El que no ama, por lo tanto, no tiene posesión de las cosas, no tiene los pies en la tierra, no vive en la tierra:

 

 

y él bien sabe que nunca

vivirá aquí, en la tierra.

A quien no ama,

¿cómo podemos conocer o cómo

perdonar? Día largo y aún más larga

la noche. Mentirá al sacar la llave.

Entrará. Y nunca habitará su casa.

 

 

Su vida se ha trazado como una gran mentira, pues, además de no pisar en la tierra, tampoco es capaz de habitar su propia casa. No es dueño ni de sí mismo, porque la falta de amor no lo hace libre, lo incapacita para desarrollar su propia existencia. ¡Feliz aquel que los días se le hacen cortos porque le suceden muchas cosas, son muchos los proyectos que desarrolla, muchas las personas que conocer, atender, perdonar, en definitiva, amar.

 

 

Nada le ocurrió a nuestro amigo Ajeno, y todo le ocurrió a otro personaje protagonista de uno de los anuncios más visitados en YouTube, con casi seis millones de reproducciones, y que hizo llorar y conmovió a mucha gente. Se trata del anuncio publicitario de una Operadora de Telecomunicaciones tailandesa bajo el título de Giving (Dar).

 

Tantos robos suceden en la calle, y este es el caso de un niño tailandés que es pillado mientras roba medicamentos para su madre. El jefe de un restaurante observa lo sucedido, ayuda al chico pagándole las medicinas y dándole un caldo de verduras para la madre. Este es un caso tan distinto del de Ajeno, un caso de dar y ser correspondido, porque pasan alrededor de 30 años. El dueño del restaurante sufre un infarto, y su hija está en el hospital con él delante de una factura de $ 25.000 que no puede pagar. Pero un día descubre que la factura ya está pagada y con una nota que dice: “Todos los gastos fueron pagados hace 30 años con tres paquetes de analgésicos y una bolsa de sopa de verduras. Con mis mejores deseos, el doctor Prajak Arunthong”. Aquel niño pudo remontar en la vida, estudiar y llegar a ser médico. En el vídeo se ve su estudio lleno de fotografías, de su graduación y de sus éxitos y de personas a las que ayudó. Termina dicho video con el slogan de “Dar es la mejor comunicación”.

 

Cortos se le hicieron los 30 años a ese niño pues muchos fueron los proyectos. Habitada se le hizo su propia casa, llena de fotografías que retratan las personas a las que ha ayudado, a las que ha amado. Mucho amor transcurrió para que un niño ladrón se convirtiera en médico gracias a un gesto de amor de un simple jefe de restaurante que se implicó con algo que sucedió en la calle, con alguien que no le resultó ajeno. Desde estos dos ejemplos, podemos entender el gesto de Jesús con la suegra de Pedro “inclinándose sobre ella” y la respuesta de ésta que, nada más ser curada de su fiebre alta, “se levantó y se puso a servirlos” (Lc 4, 38-39). Jesús, comenta San Gregorio, “se ha hecho hombre, y ha penetrado hasta las profundidades más hondas de la condición humana”; y desde esa actitud es capaz de curar al enfermo. Jesús, que es la personificación del Padre que dice «Por los sollozos del humilde y los gemidos del pobre, ahora me levantaré –dice el Señor– y daré mi ayuda al que suspira por ella» (Salmo 11).

 

Jesús te sale al encuentro, y va a la casa de la suegra de Pedro, porque, a diferencia de la casa de Ajeno, esta casa está abierta, como también está abierto el corazón de quien la habita, como abierto es su gemido suspirando. Tan abierto su corazón que, nada más curada la suegra, se dispone a servir, es decir, a amar. Con razón señala San Francisco de Sales: “Fijaos en el amor con que esta mujer servía a su querido Maestro, con cuánto gozo y alegría. Cómo le miraba y cómo su corazón se abrasaba de amor por Él”.

 

FUENTE: “VIDEO YOUTUBE"

 

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